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martes, 4 de marzo de 2014

Bienvenido, Mister Marshall

Les voy a contar una historia de lo más rocambolesca, digna del mejor teatro modernista. Apaguen sus móviles y no se levanten hasta que termine la función. Tan solo les prometo que no les dejará indiferentes.


ACTO PRIMERO; El castillo de naipes.

Meses atrás, por noviembre más o menos, gran parte de la población de la Ucrania occidental se echó a la calle para protestar ante las políticas pro-rusas que estaba llevando a cabo el gobierno de Yanukovich, el presidente electo de por aquel entonces.

En diversas ciudades europeas, especialmente en Centroeuropa, hubo un apoyo unánime al inicio del levantamiento pro-europeo (bautizado como Euromaidán) que estaba teniendo lugar en Ucrania.

Ucrania quería ser Europa y Europa quería ser Ucrania. O eso nos vendieron. Y es aquí cuando comienza a soplar el viento sobre este frágil castillo de naipes


ACTO SEGUNDO; Golpe de Estado.

El levantamiento ucraniano comenzó a mostrar tintes ultraderechistas, enarbolándose un radicalismo manifiesto y teniendo lugar el asalto a diferentes edificios capitalinos del organigrama gubernamental, para acabar en un conflicto armado contra la policía que supuso la escritura de casi un centenar de epitafios entre unos y otros.

La batalla urbana conoció el final tras la noticia de la huída a Rusia del (ex)presidente Yanukovich y la toma del parlamento ucraniano por parte de los manifestantes.

Han ganado los buenos y han perdido los malos. Eso es lo que se nos dijo desde los medios de información europeos (españoles incluidos, claro). ¿Realmente ha habido buenos en esta historia?


ACTO TERCERO; Con el culo al aire.

Con el telón ya levantado, sale a escena nuestro amigo Vladimir. En un alarde de poder y haciendo valer su condición de superpotencia militar, entra en Crimea y, sin emplear una sola bala y contando con el apoyo mayoritario del pueblo crimeo, neutraliza en pocas horas todas las divisiones militares que Ucrania tenía repartidas a lo largo de la península [de Crimea].

Y, Ucrania, con el culo al aire. La Unión Europea ha lanzado un mensaje de apañároslas como podáis. Europa se dejó querer cuando Ucrania quiso a Europa. Y esto hace unas pocas semanas. 

Ahora a los ucranianos sólo les quedan dos opciones: seguir soñando con Europa o refugiarse bajo el paraguas del tito Vladimir.

Bienvenido, Mister Marshall.



Por Jorge Peña

sábado, 19 de octubre de 2013

Generación perdida

Y aquí estoy. En medio del camino que inicié hace cinco años. Con algo más de barba, y tras casi 10.000 euros invertidos en una licenciatura (todo primeras matrículas, salvo algún hueso, fruto de aquel obcecado profesor que sólo ve en el suspenso la panacea para el aprendizaje), sin haber visto beca alguna y con la sensación de no haber aprendido nada sobre mi actual profesión entre aquellas viejas paredes de ladrillo que le daban forma a la facultad.

Ahora sí, puedo decirlo. Soy licenciado. Cinco años anhelando poder decirlo. Y, ahora, ¿qué?. Ya lo auguró aquel famoso publicista, tan venerado por unos, tan odiado por otros, (ciertamente, ésa es la definición de genio). Ahora toca buscar oportunidades. O, como decimos en castellano, trabajar gratis.

Ofertas de trabajo por aquí, ofertas de trabajo por allá y, en todas, lo mismo: Se requieren más de tres años de experiencia demostrable. O lo que es lo mismo. Estáte tres años trabajando mañana y tarde que mientras tanto me aprovecharé de tu ilusión y ganas. Espero que tengas un sustento económico detrás de ti para pagarte el arroz con tomate. Y el piso, si has tenido que migrar de tu ciudad. O país.

Sólo queda ser un navaja suiza con la polivalencia como distintivo, ser el machaca de la empresa, sudando por tener diez segundos libres para invertirlos en ir detrás del aquel viejo dinosaurio y empaparte de alguna migaja de su dilatada experiencia. Es lo que toca. Es lo que nos toca. 

Y no puedo evitar recordar lo que me dijeron cuando comencé la aventura universitaria: sois la generación con más facilidades. Tampoco olvido el apelativo cuando la acabé. Maldita generación perdida.


Generación perdida


J. Peña

martes, 8 de octubre de 2013

Resistir

La vida entera es resistir. Cada día, tu única decisión relevante es a qué te vas a resistir, pero también qué vas a cambiar. Porque el cambio no deja de ser resistencia en movimiento. Sobre todo cuando hay gente que araña otro puñado de votos, minutos o euros si tú decides quedarte igual.



Y ojo, porque detrás de cualquier resistencia, lo que está en juego es la supervivencia de algo tan sagrado como un matiz. Un algo que no es liso. Que sí, pero con salvedades. Que vale, pero no.

Yo me resisto a que me supriman los matices. Porque la civilización es el triunfo del matiz. Porque cada matiz del que disfrutamos es probable que haya costado muchas vidas. Y porque una diferencia es una resta que da cualquier cosa, menos cero. En eso está basada hoy la convivencia pacífica entre personas. A base de política de brocha gorda, igual nos cambian la pared de color cada cuatro años, pero jamás podremos disfrutar de unas Meninas, unos Girasoles o unas señoritas de Avinyó.

Risto Mejide - La Résistance
(6 de octubre de 2013)

viernes, 4 de octubre de 2013

La sátira de Pawel Kuczynski

De todos los artistas que canalizan su ingenio para reflejar en sus obras la realidad que nos rodea destacaré a un ilustrador del siglo XXI, Pawel Kuczynski, un polaco nacido en 1976 que lleva una década publicando sus obras en diferentes revistas europeas. 

A continuación, un compendio de sus ilustraciones:

pawel kuczynski

pawel kuczynski

juegos de azar pawel kuczynski

satira pawel kuczynski

pawel kuczynski
























martes, 1 de octubre de 2013

El calvario de ser becario (Arturo Pérez-Reverte)

El calvario de ser becario
Arturo Pérez-Reverte
XLSemanal - 30/9/2013


Llamémosles Ana, o Juan: veintipocos años, brillantes, con nota de proyecto de fin de carrera de notable a sobresaliente. Acaban de rematar de modo espléndido los estudios de ingeniero aeronáutico, arquitecto, médico o filólogo. Lo que ustedes prefieran. Y los dos, como algunos otros afortunados, están entre los pocos jóvenes españoles con posibilidad de encontrar un trabajo decente, con futuro, en un país de la Unión Europea. Alemania, por ejemplo. O Dinamarca. Uno de esos que parecen serios. Esto es posible gracias a los fondos comunitarios para becas que administran universidades y fundaciones españolas; dinero destinado a financiar los seis primeros meses de contrato laboral de esos chicos en el país donde los requieran. E imaginen ustedes que Ana, o Juan, o como se llamen, por sus brillantes expedientes académicos, logran su sueño. Que una empresa de Hamburgo, de Copenhague o de Estocolmo les dice: vente para acá, chaval, que nos interesas. Tuyo es el curro. En cuanto una universidad o fundación española te conceda beca, te vienes. Y como además has hecho una carrera impecable y eres un tipo de élite, lo que significa una buena inversión para nosotros, aparte de los seis meses que te pagarán con fondos comunitarios para tenerte a prueba te pagaremos de nuestro bolsillo otros seis meses, lo que casi asegura contrato laboral indefinido. Dicho de otra manera, tu futuro resuelto. Durante un mes te reservamos el puesto de trabajo prometido. Así que pide la beca, agiliza el papeleo y espabila.

Y entonces, señoras y señores, Juan o Ana, como cualquier chico en su situación, se tropiezan con la España de toda la vida: vacaciones de Semana Santa, puente de San Prepucio, he ido a tomar café, cerrado por agosto, etcétera. Eso, de una parte. De la otra, la criminal lentitud de una burocracia infame que, en lugar de estar al servicio del individuo facilitándole la vida, no existe sino para arruinársela. Y así, los chicos que solicitan la beca pueden ver pasar tres, cuatro o cinco meses sin que el asunto se resuelva -el último caso que conozco, beca solicitada en junio, aún no está decidido-. Y ahora pónganse en el lugar de Ana, o de Juan, intentando explicarle a un empresario sueco que, a diferencia de otros chicos italianos o franceses cuya beca se tramitó en quince días, en España las cosas van de otra manera. Que aquí, a pesar de las grandilocuentes declaraciones del presidente Rajoy, algunos de sus ministros y otros esbirros, a la hora de ayudar a los chicos a buscarse la vida, no se mueve nadie. Porque los españoles -imaginen, insisto, la cara del empresario sueco, danés o kuwaití- nos movemos a otro ritmo. Calculen la angustia, la desesperación, la impotencia. Lo absurdo. Y eso, atención al detalle, con fondos que ni siquiera son dinero español, sino de la comunidad europea.

Pero es que todo puede ser más simpático, si cabe. Más nuestro y castizo. Porque, si en vista del retraso, angustiados porque pueden perder la oferta de trabajo, los chicos intentan olvidar esa beca y pedir otra que maneje parecidos fondos -de 600 a 800 euros al mes, calculen la fortuna-, tendrán que empezar otra vez desde cero, arriesgándose a que, cansada de esperar y de concederles aplazamientos, la empresa empleadora dé el trabajo a otros, lo que ocurre de continuo. Y lo más bonito del asunto es que, una vez concedida la beca, cobrarla puede llevar meses -muchas becas españolas de doctorado de 2012 no se pagaron hasta 2013-; y, como cierta clase de becas es incompatible con trabajos remunerados, quienes las consiguen pueden pasar larguísimas temporadas trabajando gratis, sin seguridad social, indefensos en lugares extraños y ciudades que no son las suyas, sufragándose ellos los gastos de alojamiento y comida. Mantenidos por sus padres, quienes puedan. Con lo que se da la deliciosa paradoja de que, en España, los únicos que pueden permitirse vivir de una beca son precisamente quienes no la necesitan. Eso, claro, los que logren sobrevivir al BOE, donde las convocatorias de becas parecen redactadas para disuadir de pedirlas: farragosas, torpes, con una sintaxis tan enrevesada y confusa que a veces parece redactada por el más analfabeto del departamento; hasta el punto de que ya circula con éxito por Internet un manual para solicitar becas sin meterse en el absurdo laberinto del boletín oficial de un Estado que cada vez tiene menos consideración y menos vergüenza, pese a camelos y triunfalismos estúpidos como el de la marca España y sus mariachis. Eso, mientras a los chicos ni siquiera los ayudan a buscarse un futuro fuera. Así que calculen. Nos va a sacar del agujero nuestra puta madre.

jueves, 22 de agosto de 2013

La edad adulta; la enfermedad contemporánea.

Ayer, mientras estudiaba inglés, leí un texto muy interesante que hablaba sobre la edad y cómo los avances en medicina y tecnología están alargando la vida de las personas.

Si bien aseguraban que hace muchos años la gente moría antes de lo debido, ahora se plantea la posibilidad de que la gente muera más tarde de lo normal.

En medicina, parece que la edad es una enfermedad moderna que todos intentan curar de una forma u otra. A día de hoy mucha gente padece enfermedades neurodegenerativas o asociadas al sistema cardiovascular entre otras.

Ambas, son un ejemplo claro de que estamos alargando la vida media de las personas de una forma, quizás, excesiva. Sin embargo, muchos centros tecnológicos y científicos gastan miles de millones de euros en investigación en el área de la Biomedicina que, por otro lado, es una de las áreas con mayor repercusión en los últimos años. Pretenden encontrar algún tipo de cura o alivio sintomático de estas enfermedades de modo que podamos vivir durante más tiempo si cabe. Estamos llegando a un punto en el cual hemos dejado de combatir las enfermedades primordiales de la vida y estamos empezando a combatir la propia edad. Es decir, la forma en la cual poder vivir 1 año más y así sucesivamente.

Parece que hoy en día vivir hasta los 80, no sea suficiente. Morir con 80 años podría verse como un fracaso debido a la cantidad de gente que ha superado el centenario. 



En una revista estadounidense, The New Yorker, publicaron una viñeta hace unos años que mostraba a un hombre diciéndole a otro lo siguiente: I hope I die before science makes me live to 150 (Espero morir antes de que la ciencia me haga vivir hasta los 150).


Muchos se atreven a decir que en cuestión de años el ser humano será capaz de vivir hasta los 130, 200 o incluso los 400 en un futuro lejano. Recordando lo que se comentó en una conferencia sobre Biotecnología el pasado mes de julio en Sevilla, no es una idea disparatada, ya que “La pregunta en biotecnología no es si podemos hacer algo, eso es cuestión de tiempo o tecnología. La cuestión es: ¿Deberíamos?”.



Es evidente que el organismo humano tiene una fecha de caducidad orientativa o, quizás, sería mejor decir "consumo preferente". El intento de alargar la vida podría llegar a ser contraproducente. Nadie me ha preguntado realmente si quisiera vivir más o no. Parece que los tiempos avanzan hacia una "inmortalidad relativa" o una "decrepitud interminable" en la cual la edad nunca será un obstáculo para que perdure la vida y sólo moriremos a causa de desgracias ajenas tales como accidentes u otra serie de infortunios...


Unai Fernández

miércoles, 8 de mayo de 2013

La huelga ha muerto, el hombre la ha matado

No haré huelga. Mañana, 9 de mayo de 2013. Defiendo lo que defiende la huelga. Comparto lo que comparte la huelga. Me interesa lo que pretende la huelga. Pero no me representa quien dice representar la huelga. Aquellos que se colocan en primera fila, con sus banderas decoradas con las siglas UGT y CCOO. 

Quiero ir a la huelga, pero no quiero ser uno de ellos. Por eso no iré. La han politizado. La huelga ha muerto, el hombre la ha matado.

Si la extrema derecha se ha hecho con la bandera y el himno, la extrema izquierda se ha hecho con las huelgas. La culpa es nuestra, y de nuestra ignorancia. Creemos que la vida se divide en derecha e izquierda, que la panacea está en uno de los dos lados. Nada más lejos de la realidad. Y del sentido común.

Somos estúpidos. Y más estúpidos son los que nos gobiernan. Unos póngidos arcaicos se están cargando el sistema educativo desde su butaca -vacía- del congreso y nosotros, en vez de unirnos en un clamor, aprovechamos para pintarnos la cara del color de la política. Triste lo suyo. Vergonzoso lo nuestro.




Jorge Peña - Es tu Crítica


J. Peña

sábado, 10 de noviembre de 2012

Se abrió la veda

Desagrado es lo que causa el ver lo fragmentada que ha quedado España tras dos meses de cortinas de humo, de habladurías cervantinas para engatusar al pueblo, de Espanya ens roba, y de crecimiento del sentimiento anticatalán en el resto de esta piel de toro que tenemos como país.

En Cataluña ya no se habla del euro por receta, ni del Impuesto al Turismo. En el resto de España ya no se habla de la subida de tasas, ni de los recortes en sanidad. Médicos y farmacéuticos en huelga, y el noticiario abre con Artur Mas parlando sobre el Nou Estat y obviando el 21% de pobreza que hay bajo su gestión, ni el 40% de paro entre los jóvenes.

Mientras tanto, en Madrid, Mariano Manostijeras celebra en su sillón, puro en mano, cómo ya no es el centro de los improperios de los españoles, dejándole ese papel al señor Mas, pudiendo seguir recortando aquí y allá. Al lado de Rajoy, Rubalcaba y Chacón respiran aliviados al saber que los medios no se ceban con el hundimiento del partido que ha estado gobernando durante ocho de los últimos nueve años y que nos metió de lleno en esta crisis.

Con admirable sutileza nos han hecho olvidar las cargas policiales en torno a la Plaza de Neptuno y el tan temido rescate europeo.

Rajoy, Mas, Rubalcaba… Me quito el sombrero. Sois unos genios.





J. Peña

viernes, 2 de noviembre de 2012

Un lunes cualquiera

La mía, una cabeza más de las que se pueden apreciar desde la palestra, en una de esas masificadas clases habituales ya en cualquier Universidad del panorama nacional.


Delante de mi, y de los más de cien homólogos que me acompañan cada día, uno de esos que se hacen llamar profesores, término cuyo uso no creo del todo acertado, ya que dudo que conozca el verdadero significado de docencia.

Mientras él libera su tediosa verborrea, inspirada en alguno de sus múltiples libros cuyos títulos nos anunció en los primeros días de curso con un licencioso deseo de aumentar sus ventas, mi cabeza divaga con reflexiones acerca del impacto causado por los nuevos medios que empleamos para interactuar con nuestros semejantes: Las redes sociales.

Inspirado en el individuo sentado un par de filas más allá cuya atención, ajena a toda explicación del docente, está fija en el Smartphone que sostiene junto a su pierna, bajo la mesa.

Esa abstracción del mundo real que manifestamos en post del virtual no sé hasta qué punto nos causa beneficio. Ahora conocemos, o creemos conocer, más que nunca la vida y los haberes diarios de quién nos rodea. Sin embargo, dónde quedaron las tardes de café para contar qué tal fue la semana. Ya no tienen lugar. Ahora se resumen en una visita más en su cuenta de Facebook.

Estamos sacrificando tiempo para observar el mundo físico que hay bajo nuestros pies, perdiendo la capacidad de valorar las conversaciones sin una fría pantalla de por medio. No somos conscientes de que las redes sociales cada vez tienen más de redes que de sociales.

Ha salido el Sol. Voy a tuitearlo.



Jorge Peña - Es tu Crítica



J. Peña

sábado, 20 de octubre de 2012

La desconfianza del ciudadano

"Con la confianza dinamitada, falla la base de la democracia, un sistema que requiere la fe permanente y viva de los representados en sus representantes políticos. Cuando desaparece la creencia de que las instituciones y corporaciones son honestas, falla también la esencia del capitalismo. El ciudadano, que duda hoy de la honestidad de políticos , banqueros, empresarios, periodistas, jueces, legisladores y funcionarios, padece un desalentador déficit de confianza. Ni siquiera se fía de las facturas de la luz o del teléfono, de los informes oficiales, de las estadísticas o de las promesas del poder. Antes esa situación generalizada de abandono e inseguridad, el ciudadano deja de creer en un sistema que, sin confianza, se torna usurpador, se deslegitima y se hunde, como empezó a verse claro en la crisis mundial que estalló en el año 2008."

Francisco Rubiales - Periodistas sometidos. Los perros del poder (2009)

domingo, 23 de septiembre de 2012

La inviabilidad de Bolonia

Quinto de carrera. Comienza mi último curso en esta etapa universitaria. Soy de las últimas generaciones que contarán con el placer de hacerse llamar Licenciados. Dicen que el Plan de Estudios que nos ha tocado a mi y a los de mi generación es nefasto en comparación con los anteriores. Eso me hace preguntarme por qué, si algo es bueno y funciona, lo cambian. Sin embargo, sonrío amargamente cuando me doy cuenta de que mi Plan no es el peor. Detrás de mi vienen los de Bolonia. Pobrecillos. 


Nos vendieron desde Europa un sistema universitario por el cual nos adaptaríamos a lo que hacen nuestros homólogos en los demás países regidos por la bandera azul. ¡Qué bonito! 




No piensan igual aquéllos que tienen que sufrir la obligatoriedad de las clases. Si es que se puede llamar clase a una ponencia de una hora de alguien que no tiene la más mínima intención de cambiar el discurso que lleva soltando durante 40 años, sea el plan que sea. Con el de Bolonia nos vendieron un dinamismo y una continua interacción profesor-alumno. A medio camino entre el colegio y la Universidad. 

Lo que no se dan cuenta los zoquetes del Ministerio es que es algo inviable. Inviable porque un profesor no puede hacer un seguimiento exhaustivo de 120 alumnos. Inviable porque no le vas a hacer cambiar el discurso a un Catedrático, primo-hermano del Australopithecus, obligándole a ejercer una docencia dinámica que requeriría volver a preparase las clases y, lo peor, improvisar durante las mismas. Porque es a lo que se expone. Al aumentar el diálogo con el alumno se genera la confianza suficiente para que éste levante la mano y haga las temidas preguntas, obligando al de la corbata a desempolvar conocimientos. Demasiado trabajo, más aun sabiendo que se expone a ofrecer una respuesta equivocada. Demasiado riesgo para alguien que se considera la élite de la materia que está enseñando. 

En las bases del proceso Bolonia nos venden que el alumno adquirirá responsabilidad y autonomía durante su estancia en la Universidad. Les obligas a ir a clase, les mandas múltiples trabajos durante el año y les colocas a un profesor detrás de sus orejas. ¿Qué iniciativa propia va a tener un alumno que pone el despertador por obligación? ¿De verdad quieren que maduremos en esta etapa o que salgamos inocentes y manejables?


J. Peña

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Polluelos incultos

Tras varios años de goce y disfrute de la vida universitaria empiezo a ver que se me acaba el chollo. Último curso. Miro las puertas de la facultad y ya me imagino a los jóvenes polluelos que verán comenzar su vuelo fuera de la protección del colegio, de la seguridad que daba el tener un profesor que te empujara a estudiar, y el creer saber que hay corrección para todo error. 


Sin embargo, es gran inquietud la que causa el pensar lo que les han enseñado hasta hoy. Más bien al contrario. Lo que no les han enseñado. Lo que este sistema educativo se empeña en ocultarles. Un sistema egocéntrico que nos lleva a empollar una y otra vez la geografía, historia y política de nuestra Comunidad Autónoma. Que está muy bien saber lo nuestro, sí. Pero que un chaval de 18 años esté cruzando las puertas de la Universidad sin saber qué significó el Muro de Berlín, creyendo que Sarajevo es un tipo de cocktail, sorprendido cuando le dices que mongol es un gentilicio. Y saber quién fue Genghis Khan ya es para sacar nota, y la matrícula de honor se la dejamos al que sepa situar Mozambique en el mapa... 

¿De qué sirve saber tanto de Carlos I y Felipe II tras varios años escuchando las mismas batallitas si luego no sabemos quién fue Primo de Rivera, o quiénes presidieron el Gobierno durante la segunda República española?. Y el Franquismo y la Transición, más de lo mismo. Tantos años estudiando Historia (de España, claro, porque saber por qué se inició la Primera Guerra Mundial no es importante…) y al final, deprisa y corriendo, nos embuchan los últimos 150 años en un par de meses… y tan a gusto. 

Y con la dichosa Literatura, otro tanto. Cuatro años cantando de carrerilla la obra cervantina y jamás oí hablar de Tolstoi. Y creo que la nueva hornada de gazapos que se examinó en la selectividad hace unos meses, más de lo mismo. 

Lógico que cuando salimos de España pecamos de ignorantones. Y luego nos preguntamos por qué. Y ya de los idiomas no hablemos… porque lo que se dice hablarlos, no los hablamos. 

Sigo pensando que los Ministros de Educación de la última veintena están dando gracias al que inventó el corrector ortográfico del ordenador. Bendita tecnología que nos da el privilegio de presumir de un buen uso de la B y de la V… 



P.D: Y coincidiendo con un acontecimiento reciente… ¿sabrán quién fue Santiago Carrillo? Bendita Wikipedia.



J. Peña

viernes, 17 de agosto de 2012

Oasis en el desierto

A veces me encantaría que el cielo se callara. Ni el sol, ni la lluvia, ni la nieve se interpondrían entre las barreras de la tierra y la atmósfera. El vacío de un espacio infinito y el paro del tiempo en el momento adecuado para contemplar el comienzo del fin y el fin del comienzo. Una breve pausa, lenta y dolorosa, pero necesaria para indagar en lo más profundo de su ser y hallar la respuesta al futuro próximo antes de que el cielo vuelva a dejar pasar los rayos del sol. 

Muchas veces hubiera preferido la absoluta ignorancia, la mayor de las mayores desdichas y la completa desesperación que da lugar a ese final devastador y a la vez alentador. Una piedra más en el camino no es más que un pequeño camino que recorrer para apartarla del mismo. Mente y cuerpo jugando de la mano una nueva partida contra un nuevo obstáculo semejante a cualquier otro habido hasta el momento. La rutina es sencilla de combatir una vez que la monotonía ha ganado la batalla a la sorpresa. Nada nuevo, nada de lo que preocuparse en exceso. Neuronas recopilando información de células de memoria y un nuevo juego con el manual en mano. 

Cuando la sorpresa se adueña de la monotonía y la deja en segundo plano, es cuando comienza a tomar cartas la incertidumbre. Los malos presagios se auguran, y las ilusiones afloran a flor de piel. Las contradicciones están a la orden del día y las tristezas se ríen de las alegrías, como un día las alegrías lloraron por las tristezas. Un completo espectáculo de sin razones al alcance de cualquier cobarde que quiera coger la capa de valentía por un único instante. El más mínimo error es el comienzo de una intensa autocompasión, la más mínima alegría se pierde bajo el manto de la mentira y cualquier otro suceso no es más que un aliciente más para promover la producción de taladros que faciliten el proceso de autodestrucción del cráneo y sesos. 

En esos momentos en los que las mentiras no se diferencian de las verdades y las confesiones en tu cabeza toman diferentes caminos según los estados de ánimo que bailan al son de las agujas del reloj, son los momentos en los que uno recapacita de la forma más frustrante habida y por haber. El simple hecho de no ser capaz de asimilar la información que le llega, hace que se plantee una realidad que nunca había dejado de ser verídica en su cabeza hasta dicho momento. La crueldad del ser humano nunca rozó límites tan insospechables en su cabeza. Sin embargo, la serenidad hace hincapié en las ideas y valores que una vez construyó sobre la vida y los componentes que la constituyen. 

De nada sirve olvidar, de nada sirve evitar. La realidad, aún puesta en duda, cobra mayor valor que cualquier otra estúpida convicción. Luchar contra tus propias ideas no es más que la mejor forma de perder fuerzas a lo tonto. Sufrir en vano, puede ser la gran oportunidad para disminuir la presión arterial de tal forma que las funciones fisiológicas se vean afectadas nuevamente. Aparcar los sentimientos como si no existieran es la solución perfecta para nunca despedirse de ellos. Continuar con el camino establecido es la solución más sencilla. 

La espera siempre fue peligrosa e incierta. Los arrepentimientos son sus mejores aliados y parece que la vida continúa, en el mismo lugar que un día quedó estacionada. 


Por Unai Fernández

miércoles, 15 de agosto de 2012

Políticos opositando: ahí los quiero ver

Arturo Pérez-Reverte

XLSemanal
13-08-2012

Lo sugería el ex embajador Paco Vázquez hace unos días, de guasa. Aunque tiene razón: debería ser obligatorio. Como a registrador de la propiedad, pero con temario más amplio. Y quien no llegue, a tomar por saco. Búscate la vida, chaval. O chavala. Recogiendo melones, fregando suelos o podando setos, como la gente que no tiene más remedio; y que, sin embargo, a menudo está mejor preparada. Ignoro si de ese modo iba a resolverse algo, pero introduciría algo de justicia en el putiferio. Sentido común dentro del esperpento nacional. Porque oigan: en España deben hacerse oposiciones para médico de la Seguridad Social, arquitecto municipal, inspector de Hacienda, abogado del Estado, fiscal, juez, o cualquier puesto público. Hasta un profesor de instituto o catedrático de universidad deben hacerlas. Quien pretenda currar en los sectores de la sociedad dedicados a la función pública, debe enfrentarse a unas oposiciones que a veces son de una dureza terrible, en situaciones de extrema competencia y con años de estudio, preparándose. Y sin embargo, el aspecto más decisivo en nuestras vidas, la actividad política que determina el presente y condiciona el futuro, puede caer en manos de cualquiera. A veces, quizás, de individuos excepcionalmente preparados; pero también, y eso ya resulta menos excepcional, de cualquier analfabestia incompetente, varón o hembra, incapaz de articular sujeto, verbo y predicado, cuyo único mérito, o aval, es compartir ideología o intereses -a menudo una y otros van íntimamente relacionados- con un partido político concreto.

Porque echen cuentas, señoras y caballeros. Si no todos los médicos que salen de la facultad superan las pruebas de residente, ni todos los abogados las de juez, por ejemplo; si para conducir un coche hace falta superar un examen teórico, otro práctico y tests psicotécnicos; si tenemos la constancia experimental de que no todos valemos para todo, ni siquiera cuando se trata de gente preparada y con estudios, calculen, entonces, el control de calidad, las Iteuves posteriores y la psicotecnia que pasaría buena parte de las decenas de miles de políticos españoles en activo o en pasivo, algunos de los cuales -conozco a un concejal de cultura en esa situación exacta- no tienen ni acabado el bachillerato. Consideren los que habrían llegado ahí, donde están, medran y trincan, de exigírseles estudios, preparación, controles éticos y formación adecuada. De aplicárseles de un modo práctico, objetivo, antes de ocupar puestos de tanta importancia, tan bien pagados y con tantos privilegios, la idea de los antiguos filósofos griegos de que toda comunidad pública debe ser gobernada por los mejores. Y de establecerse si lo son. O si no lo son.

Eso, naturalmente, incluye a algunos de nuestros sindicalistas, ornatos del telediario. Cuando oigo expresarse a los más conspicuos, o los veo pasear la pancarta queriendo ponerse al frente de ciudadanos honrados que no sé cómo los toleran, con sus antecedentes, pienso que todo aspirante a líder sindical debería probar antes su conocimiento histórico de la lucha de clases y su capacidad oratoria para convencer al trabajador de que es necesario dedicar parte del sueldo -y no de subvenciones estatales embolsadas por la cara- a mantener una institución sindical imprescindible para la sociedad, cuyo único fin es defenderlo de las agresiones de empresarios y políticos. Y si, por reparto de pastel, ese mismo sindicalista puede acabar en el consejo de administración de una caja de ahorros -que tiene pelotas la cosa-, tampoco estaría de más que se le examinara antes de las cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Como mínimo.

Así que, oigan. Puestos a suponer gente pública idónea, España decente, mundos felices donde comer perdices, permítanme imaginar una actividad política regida por el sentido común. O sea: militantes de partidos colaborando, faltaría más, en cuanto haga falta. Según su ideología, interés y conciencia; allá cada cual. Sin embargo, cualquiera que aspirase a figurar en una lista elegible por los ciudadanos, tendría que hacer antes unas oposiciones en las que se le examinase de cultura general como trámite previo. Y luego, según las especializaciones a las que aspirase -ministro de Trabajo, presidente de Gobierno y tonterías así-, de economía, derecho, política internacional, historia de España y ética, por ejemplo; aunque temo que aprobar ética muchos lo tendrían peliagudo. Y por supuesto, idiomas: inglés, un poco de francés, alemán. A no pocos de ahora -muchos impresentables de ambos sexos lo demuestran en cuanto abren la boca en el Parlamento- ni siquiera se les exige hablar bien el castellano.

viernes, 27 de julio de 2012

La impotencia...

La oscuridad, reflejo de un instante perdido en la memoria. El silencio, cántico perdido y abandonado en desgracia de sus fieles seguidores. Llanto, que se torna alegría incontenida huyendo de una realidad camino a la inventiva e imaginaria. Sueños que de tanto frustrarse se hacen más intensos. Vidas que de un día para otro quedan en el olvido a manos del viento ensordecedor. Nadie se para un segundo a observar el camino, nadie aprecia la belleza. 

Son muchos los que gritan a los cuatro vientos, muchos los que desean darse a conocer, fama estúpida desvirtuada y carente de personalidad. Pocos son los que callan y otorgan, los que mantienen en vilo al silencio, en los que perdura la credibilidad. Sin embargo, la vida te demuestra que nadie es mejor que nadie y que hasta el más hijo de puta tiene su club de fans. 

Vivimos un juego y morimos en él como mueren los peones a cargo de las torres en un tablero de ajedrez. Olvidamos la esencia de la vida y obsequiamos a nuestra alma con las mayores injurias jamás escritas. La conciencia brilla por su ausencia y la capacidad de raciocinio que nos distingue de nuestros compañeros del reino animal es tan tímida que pocas veces se atreve a hablar más alto que los demás. La felicidad pasa al mundo material, y el mundo espiritual se presenta en la cartelera de los mejores cines. Los valores son intercambiados por alcohol, y la preocupación por el libre albedrío. Los cánones de vida son establecidos por un organismo amoral y sus súbditos los aprueban democráticamente. La vida tal y como la conocemos no es más que el fruto de un conjunto de libertades y evolución en manos de las mentiras más grandes jamás contadas. 

Los escondites ganan aliados, mientras la puesta en escena no pierde efectivos. Compleja paradoja y a la vez cruel realidad marcada por la falsedad. Una vez que se ha perdido lo más importante, es absurdo tomar decisiones. Cuando no vemos la realidad, no sirve de nada tomar cartas en el asunto. Cuando las nubes sobrevuelan tu cobertizo, pocos son los que pueden echarte una mano. Y el conjunto de toda esta palabrería sin sentido aparente no es más que la impotencia observada desde los distintos ángulos posibles, cuyo producto no es más que el abandono del cuerpo en un intento frustrado de adueñarse del alma. 

La solución se haya en uno mismo, en lo inamovible, en la esencia, en lo intrínseco. La estabilidad y la paz interior, la felicidad a cargo de uno mismo.




Unai Fernández

martes, 10 de julio de 2012

Talento conformista

Se entiende como talento aquel conjunto de características y aptitudes que permiten a un individuo destacar en determinadas materias. Para algunos es innato; para otros, adquirido.

El conformismo es una actitud que lleva al sujeto a aceptar una realidad, acomodándose a las circunstancias, rehuyendo de todo esfuerzo por intentar cambiarlas o superarlas. Esto, de innato, tiene poco. 

Jorge Peña - Jorgepevet Fotografía
Impotencia es lo que siento cuando veo a gente con talento en demasía, caminando por la vida con superflua pachorra, malgastando su tiempo de cara a una televisión, empleando su brillante cerebro para descifrar cómo pasar al siguiente escenario del Call of Duty. Tan talentosos como conformistas, parecen carecer de sueños y metas en la vida por las que luchas. 

Cada vez más jóvenes calientasofás dejan patente la represión, que se está agudizando con el paso de las generaciones, de algunos aspectos de la naturaleza humana que han llevado al progreso de la Civilización a lo largo de la Historia. Por instinto, somos avaros e inconformistas. Por supuesto que la avaricia está bien donde está, ausente (en teoría) de nuestro catálogo de virtudes y defectos. Sin embargo también estamos aletargando esa actitud inconformista que viene a ser uno de los principales ingredientes de ese brebaje llamado éxito. 

Claro está que somos libres de elegir nuestro camino por la vida. Pero tiremos de empatía y pongámonos en el pellejo de aquellos que carecen de esa virtud llamada talento, pero que inician cada mañana una incesante lucha por lograr sus sueños, mostrando una ambición admirable. Pero la vida les ha privado de esa destreza necesaria, haciendo inalcanzable su anhelo, mientras observan cómo el genio holgazanea en el salón, preguntándose si realmente valorará lo que tiene y si se dará cuenta de que está malgastando todo su potencial. 

Y es que, en estas circunstancias que nos ha tocado vivir podemos quejarnos de lo que sea, pero no de falta de oportunidades. Fueron nuestros padres y abuelos los que lidiaron con la posguerra y la transición. Fueron ellos quienes pasaron épocas sin saber si habría pan la semana siguiente. Nosotros, en cambio, tenemos todo de cara para dibujar nuestro futuro. Y vivirlo. No sin esfuerzo, claro. Por eso, amigo talentoso, he aquí la reflexión con la que podemos resumir todas estas líneas: "Más lejos llega una lucha sin talento, que un talento sin lucha" [Marta Peña]

Jorge Peña

domingo, 24 de junio de 2012

El opio del pueblo

Mariano, Zapatero: Felicidades. Ya no sois portada. ¡Bendita Eurocopa! ¡Bendito fútbol! Con razón lo llaman el "opio del pueblo". Esa dosis de morfina que nos hemos chufado cada mañana a lo largo de este mes de junio. ¿Rescate muchimilmillonario a la banca española? ¡Qué más da, si debuta España en la Euro! Ya sabemos de qué se habló al día siguiente… 

¿Dos semanas emitiendo deuda al 7%? ¡España en semifinales! !Jodeos, guiñoles gabachos! 

Luego no tengamos la desfachatez de criticar a esos holgazanes babuinos que se mueven por el mundo en blindados oficiales y que se costean unas vacaciones en Marbella con caudal público, ¿verdad, Divar?. 

Vergonzoso lo suyo; sí. Vergonzoso lo nuestro; también. 



Nota: No tenemos nada en contra de los primates catarrinos comúnmente conocidos como babuínos y sentimos profundamente si se sienten ofendidos por emplearlos para hacer un símil con los políticos españoles.


J. Peña

jueves, 7 de junio de 2012

Wanted: Justice

Semana sí, semana también, presenciamos un desfile, digno de Cibeles, de señores trajeados portando unos brillantes guantes blancos que emplean para proteger del frío sus sagaces dedos cleptómanos. Todos ellos imputados por lo mismo: corrupción. Y todos ellos denunciados por los mismos: su oposición en el Congreso.

Véase que cada vez que hay fin de ciclo político, los nuevos inquilinos de los ayuntamientos desempolvan los escobones, tras cuatro años en desuso, y se dedican a barrer la mierda, abanderándose por ello, y predicando a los cuatro vientos su hazaña, proclamando el comienzo de una nueva etapa política en el que abundará la transparencia. Vergonzoso.

Vergonzoso es que cada cuatro años (en el mejor de los casos, ocho en el peor) salga a la luz esta mezquindad impropia de unos individuos que dicen ser nuestros representantes, desprovistos de pudor alguno, que con el paso del tiempo y con el contacto con el poder, dejan de discernir entre honestidad y corrupción.

Vergonzoso es el sistema judicial del que tanto presumen esos gordos acorbatados. Dónde estará ese Organismo cuyo principal fin es investigar y penalizar al delincuente de forma imparcial y autónoma mientras estos golfos se están llenando el bolsillo a placer a costa del ciudadano, cual droit de cuissage. Yo sé donde está esa señora de la balanza: mirando hacia otro lado. Así de fácil. Esperando a que sean los propios políticos los que se destapen los unos a los otros, empleando la Justicia como arma política y vanagloriándose de que con ellos en el poder, ante la corrupción, tolerancia cero.

Y más vergonzoso es que nosotros nos lo creemos. Estoy por ver que uno de esos individuos imputados (que se cuentan por decenas) haya sido denunciado por un miembro de su propio partido. Sería una noticia digna… del 28 de diciembre.



Jorge Peña Ramos

lunes, 28 de mayo de 2012

Libertad de expresión

"La libertad de uno acaba donde empieza la de otro"
Jean Jacques Rousseau

Tras varios siglos de lucha contra el autoritarismo con el que se gobernaba en España, con el fin último de conseguir un Estado democrático en el que poder pensar, decir y decidir libremente sin el acoso de la guillotina, la hoguera o los leones, se podría anunciar que ya se ha logrado. O eso pensamos todos.

Porque en el ya iniciado Siglo XXI, en pleno 2012, aún reina en mi la sensación de que esa tolerancia, por la que todos sacamos tanto pecho, no existe como tal, haciéndose notar más cada vez, y aumentando su número, aquéllos que, defendiendo unos ideales estalinistas, abogan por la tolerancia desde una impúdica ausencia de respeto.


No me considero una persona anti-izquierdas, ni anti-derechas, ni anti-nada, o casi nada. De ideales centristas, asisto con regularidad a discusiones de cafetería con los que en su día fueron compañeros de carrera, y que algunos siguen siendo, o de otras carreras, pero que ya no considero "compañeros de pupitre", sino amigos, ya que a base de detalles, confianzas y momentos vividos se han ganado ese status.

La mayoría son de izquierdas, alguno de derechas, pero me enorgullezco de ellos ya que se hacen admirar por su cordura, sensatez y juicio, respetando la opinión ajena, pese a que al final la detracten, con razonables argumentos, soliendo acabar la situación en un ameno debate alcanzando finalmente conclusiones similares. Aunque no siempre; pero seguimos y seguiremos aceptando el pensar ajeno.

Hechas estas concreciones, me dispongo a explicar mi ataque a aquellos que dicen ser partidarios de la implantación del sistema que defendió Karl Marx hace poco más de un siglo. Y no iba dirigido a todos, ni mucho menos, sólo a los que defienden la tolerancia desde la intolerancia y el respeto desde la desconsideración, imponiendo su pensar como el más acertado, sin dejar lugar a posibles observaciones o sugerencias, cayendo en el error de juzgar a la extrema derecha por una actitud que sin darse cuenta ellos también tienen.

Y con esto quiero finalizar, haciendo mención a unas palabras que siempre están en boca de un gran amigo:

"Amigo mío, la política, y lo que no es política, es una línea en la cual los extremos no están tan distantes como pensamos."



J. Peña

viernes, 25 de mayo de 2012

Manifestación del 22 mayo

Manifestación del 22 de mayo de 2012 contra los recortes en educación. 
Fotos de "Estudiante indignada".
León.