Por Jorge Peña Ramos
En la sociedad actual la Iglesia ha perdido (o dejado de ganar) muchísimos partidarios y seguidores. Ha aumentado el número de ateos y agnósticos y entre los creyentes hay menor número de personas que comulgue con la Santa Iglesia.
Sin embargo, aunque el número de matrimonios oficiados por el Estado ha aumentado, gran parte de las bodas se siguen celebrando por la Iglesia. Normalmente en este último caso uno de los dos futuros cónyuges (o los dos) es creyente.
No obstante se dan muchos casos en los que una pareja de ateos contrae matrimonio en el altar de una iglesia. Una razón de peso es el deseo de padres y suegros de que se celebre así. Otra razón podría ser por nuestra cultura y tradición, en la que las bodas se celebran habitualmente en iglesias.
¿Estamos pasando de asistir a enlaces entre parejas con la religión como fondo, a celebrarlos de este modo por motivos tradicionales sin creencia alguna de por medio?

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