Semana sí, semana también, presenciamos un desfile, digno de Cibeles, de señores trajeados portando unos brillantes guantes blancos que emplean para proteger del frío sus sagaces dedos cleptómanos. Todos ellos imputados por lo mismo: corrupción. Y todos ellos denunciados por los mismos: su oposición en el Congreso.
Véase que cada vez que hay fin de ciclo político, los nuevos inquilinos de los ayuntamientos desempolvan los escobones, tras cuatro años en desuso, y se dedican a barrer la mierda, abanderándose por ello, y predicando a los cuatro vientos su hazaña, proclamando el comienzo de una nueva etapa política en el que abundará la transparencia. Vergonzoso.
Vergonzoso es que cada cuatro años (en el mejor de los casos, ocho en el peor) salga a la luz esta mezquindad impropia de unos individuos que dicen ser nuestros representantes, desprovistos de pudor alguno, que con el paso del tiempo y con el contacto con el poder, dejan de discernir entre honestidad y corrupción.
Vergonzoso es el sistema judicial del que tanto presumen esos gordos acorbatados. Dónde estará ese Organismo cuyo principal fin es investigar y penalizar al delincuente de forma imparcial y autónoma mientras estos golfos se están llenando el bolsillo a placer a costa del ciudadano, cual droit de cuissage. Yo sé donde está esa señora de la balanza: mirando hacia otro lado. Así de fácil. Esperando a que sean los propios políticos los que se destapen los unos a los otros, empleando la Justicia como arma política y vanagloriándose de que con ellos en el poder, ante la corrupción, tolerancia cero.
Y más vergonzoso es que nosotros nos lo creemos. Estoy por ver que uno de esos individuos imputados (que se cuentan por decenas) haya sido denunciado por un miembro de su propio partido. Sería una noticia digna… del 28 de diciembre.
Jorge Peña Ramos

Cuando hablas sube el pan, amigo. Sigue así ;)
ResponderEliminarEn busca de políticos honestos...
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