lunes, 28 de mayo de 2012

Libertad de expresión

"La libertad de uno acaba donde empieza la de otro"
Jean Jacques Rousseau

Tras varios siglos de lucha contra el autoritarismo con el que se gobernaba en España, con el fin último de conseguir un Estado democrático en el que poder pensar, decir y decidir libremente sin el acoso de la guillotina, la hoguera o los leones, se podría anunciar que ya se ha logrado. O eso pensamos todos.

Porque en el ya iniciado Siglo XXI, en pleno 2012, aún reina en mi la sensación de que esa tolerancia, por la que todos sacamos tanto pecho, no existe como tal, haciéndose notar más cada vez, y aumentando su número, aquéllos que, defendiendo unos ideales estalinistas, abogan por la tolerancia desde una impúdica ausencia de respeto.


No me considero una persona anti-izquierdas, ni anti-derechas, ni anti-nada, o casi nada. De ideales centristas, asisto con regularidad a discusiones de cafetería con los que en su día fueron compañeros de carrera, y que algunos siguen siendo, o de otras carreras, pero que ya no considero "compañeros de pupitre", sino amigos, ya que a base de detalles, confianzas y momentos vividos se han ganado ese status.

La mayoría son de izquierdas, alguno de derechas, pero me enorgullezco de ellos ya que se hacen admirar por su cordura, sensatez y juicio, respetando la opinión ajena, pese a que al final la detracten, con razonables argumentos, soliendo acabar la situación en un ameno debate alcanzando finalmente conclusiones similares. Aunque no siempre; pero seguimos y seguiremos aceptando el pensar ajeno.

Hechas estas concreciones, me dispongo a explicar mi ataque a aquellos que dicen ser partidarios de la implantación del sistema que defendió Karl Marx hace poco más de un siglo. Y no iba dirigido a todos, ni mucho menos, sólo a los que defienden la tolerancia desde la intolerancia y el respeto desde la desconsideración, imponiendo su pensar como el más acertado, sin dejar lugar a posibles observaciones o sugerencias, cayendo en el error de juzgar a la extrema derecha por una actitud que sin darse cuenta ellos también tienen.

Y con esto quiero finalizar, haciendo mención a unas palabras que siempre están en boca de un gran amigo:

"Amigo mío, la política, y lo que no es política, es una línea en la cual los extremos no están tan distantes como pensamos."



J. Peña

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