domingo, 12 de junio de 2011

Ahora son malos. Antes no.

Gadafi (Libia), Mubarak (Egipto), Ben Ali (Túnez)… y un largo etcétera de dirigentes de los países de próximo oriente y del norte de África que ahora copan la parrilla de salida los telediarios de Europa y EEUU. Algunos han tenido que dejar el cargo, e incluso huir del país. Otros no han corrido tanta suerte y ya están en una bolsa negra, o camino de ella. 

Ahora son llamados dictadores y genocidas. Son los malos malísimos de este mundo. Poco menos que su número de identidad empieza por 666. Cierto es que, siendo realistas, lo que se dice buena gente, no son. Al menos eso es lo que nos dan que pensar sus actos. No les daré el placer de santificarlos, al menos en estas líneas. Pero tampoco les haré una reverencia a los nuestros, a los buenos.

Porque yo me pregunto de dónde han salido estos personajes (refiriéndome a los Gadafi y amigos, por evitar decir Gadafi & cía, benditos juegos de palabras). También me pregunto qué se cocía en estos países antes de que ocuparan los noticieros. Porque parece que acaban de subir al poder, y no es así. Llevan muchos años sentados en el trono, demasiados, sin el impedimento de las teóricas potencias mundiales. De hecho hay imágenes de Berlusconi recibiendo entre honores a Gadafi en una visita de este último al país italiano. Informes que muestran que España ha exportado armamento militar (de forma, digamos, alegal) a Libia. Mubarak mantenía una fuerte alianza militar con EEUU. Y muchos más datos que demuestran la aprobación de estas dictaduras por parte del mundo occidental, o sea, nosotros. 

Ahora resulta que han cometido crímenes contra la humanidad. Hemos olvidado, u obviado, que llevan (llevamos) años volviendo la cabeza ante los abusos de poder que han tenido lugar en estos países. Ahora Gadafi es el enemigo número uno. 

Cuánto cinismo de occidente. Cuánta hipocresía de la OTAN.




Berlusconi recibiendo a Gadafi 






























Por Jorge Peña

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