Los periódicos del día llevan en su portada el rostro del señor Iñaki, yerno de Su Majestad, bajo el titular "imputado". El telediario abre con la noticia de que Juan Carlos no está como para correr detrás de los elefantes (me pregunto si se los pondrán a tiro siguiendo la tradición borbónica, como a Fernando VII en sus famosas partidas de billar). Las Redes Sociales se "ceban" con Froilán y su empeño en que le sobraba un metatarsiano. La ley de transparencia nos da a conocer los 8 kilos anuales que se derivan a la Corona. El Rey pidiendo disculpas a la ciudadanía por sus travesuras…
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Hay quien opina que la Monarquía española es un parásito más de nuestra sociedad...
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Estaba claro que tarde o temprano había que escribir sobre ello. Nos lo han puesto demasiado fácil.
¿Qué puede opinar un chaval de veintipocos años que no ha vivido ni el franquismo ni la transición? Ni siquiera estábamos en este planeta el 23F. ¿Tenemos capacidad y criterio suficientes para valorar la importancia de la Monarquía en España? No me considero republicano. Tampoco monárquico. Más bien indeciso.
Dicen los que lo vivieron que hemos de estar muy agradecidos al Rey por lo que hizo en su día por el país, aportando esa estabilidad de la que carecíamos. Estabilidad, esa es la palabra más usada por los defensores de la Corona.
¿Sería viable un Estado español cuyo Jefe de Estado fuera el Presidente? No me quiero imaginar a Mariano, Felipón, ZP o José María como máximas autoridades de nuestra piel de toro. Cogería las maletas y me mudaría a Liechtenstein.
Además hay que recordar que habría elecciones periódicas para la Jefatura de Estado cada cuatro, cinco o seis años. ¿Qué estabilidad nos puede aportar eso? Si cada vez que juega el Madrid contra el Barça ya tiembla España, no quiero pensar qué pasaría cuando dos hominoides con corbata subieran a la palestra, micrófono en mano, a desprestigiarse el uno al otro, haciéndonos sentir aun más vergüenza por nuestra clase política.
Los historiadores suelen ser los que más saben de esto. La política y la economía son cíclicas. Tenemos esa fea costumbre de cometer los mismos errores una y otra, y otra, y otra vez. En España han tenido lugar dos repúblicas… Y las dos acabaron de forma semejante, con un pronunciamiento militar. ¿Seguro que una hipotética tercera República no terminaría igual? Quién sabe.
Por otro lado tenemos la monarquía actual. Señores asesores, señores consejeros. Estamos en una época en la que crece la sensación de que el régimen monárquico es un tanto medieval para los tiempos que corren. Hay que añadir el descontento social generalizado debido a la actual crisis (y sus consecuentes recortes y apretamientos cinturoniles). ¿Aun así dejáis que el Rey se ponga en el punto de mira de la opinión pública? ¿Y ustedes cobran por hacer su trabajo? La gente con más telarañas que céntimos en la cartera y dejáis al yerno meter mano en la hucha estatal. Cinco millones de parados y dejáis a vuestro asesorado coger un jet privado e irse a matar elefantes, filtrándose la información a los medios de comunicación. Ahora en serio, lo hacéis para distraernos, ¿o es que os gusta la agitación de vuestro pueblo?
Y para colmo al Rey le salpica un lío de faldas. Ay, Juan Carlos, que pillín eres.
Jorge Peña

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