Por Jordi Lorenzo Polo
Poco se imaginaba Thomas Knoll en 1987, cuando inventó el Photoshop, que más de veinte años después su programa sería usado en todo el mundo para hacer el “bien” y el “mal” (moralmente hablando).
Poco se imaginaba Thomas Knoll en 1987, cuando inventó el Photoshop, que más de veinte años después su programa sería usado en todo el mundo para hacer el “bien” y el “mal” (moralmente hablando).
La prensa escrita usa habitualmente el Photoshop para retocar las fotografías de sus portadas. El problema viene cuando en vez de retocar, manipulan la imagen a su antojo según sus ideologías. Esta manera endiablada de manipular tiene una consecuencia inmediata que es la de perder credibilidad ante la sociedad ya que, tarde o temprano, se acaba descubriendo la trampa.
También los gobiernos lo usan. Un caso excepcional es el de Iran, que manipuló una foto aparentando que tenían más arsenal militar de lo que realmente poseían.
Tampoco se escapa del Photoshop el presidente Sarkozy, en el que le quitaron algún que otro “michelín”.
Pero el Photoshop es como el cagar: caga el Rey, caga el Papa y de cagar nadie se escapa.
En la foto se nota claramente la “Real” chapuza que se hizo: Todos los nietos del Rey no podían coincidir para hacerse la foto, así que se decidió hacer un montaje. El problema es que quedó bastante cutre.
¿Dónde ha quedado la ética periodística? ¿Por qué algo así no es castigado por la ley?
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