domingo, 23 de septiembre de 2012

La inviabilidad de Bolonia

Quinto de carrera. Comienza mi último curso en esta etapa universitaria. Soy de las últimas generaciones que contarán con el placer de hacerse llamar Licenciados. Dicen que el Plan de Estudios que nos ha tocado a mi y a los de mi generación es nefasto en comparación con los anteriores. Eso me hace preguntarme por qué, si algo es bueno y funciona, lo cambian. Sin embargo, sonrío amargamente cuando me doy cuenta de que mi Plan no es el peor. Detrás de mi vienen los de Bolonia. Pobrecillos. 


Nos vendieron desde Europa un sistema universitario por el cual nos adaptaríamos a lo que hacen nuestros homólogos en los demás países regidos por la bandera azul. ¡Qué bonito! 




No piensan igual aquéllos que tienen que sufrir la obligatoriedad de las clases. Si es que se puede llamar clase a una ponencia de una hora de alguien que no tiene la más mínima intención de cambiar el discurso que lleva soltando durante 40 años, sea el plan que sea. Con el de Bolonia nos vendieron un dinamismo y una continua interacción profesor-alumno. A medio camino entre el colegio y la Universidad. 

Lo que no se dan cuenta los zoquetes del Ministerio es que es algo inviable. Inviable porque un profesor no puede hacer un seguimiento exhaustivo de 120 alumnos. Inviable porque no le vas a hacer cambiar el discurso a un Catedrático, primo-hermano del Australopithecus, obligándole a ejercer una docencia dinámica que requeriría volver a preparase las clases y, lo peor, improvisar durante las mismas. Porque es a lo que se expone. Al aumentar el diálogo con el alumno se genera la confianza suficiente para que éste levante la mano y haga las temidas preguntas, obligando al de la corbata a desempolvar conocimientos. Demasiado trabajo, más aun sabiendo que se expone a ofrecer una respuesta equivocada. Demasiado riesgo para alguien que se considera la élite de la materia que está enseñando. 

En las bases del proceso Bolonia nos venden que el alumno adquirirá responsabilidad y autonomía durante su estancia en la Universidad. Les obligas a ir a clase, les mandas múltiples trabajos durante el año y les colocas a un profesor detrás de sus orejas. ¿Qué iniciativa propia va a tener un alumno que pone el despertador por obligación? ¿De verdad quieren que maduremos en esta etapa o que salgamos inocentes y manejables?


J. Peña

No hay comentarios:

Publicar un comentario