sábado, 19 de octubre de 2013

Generación perdida

Y aquí estoy. En medio del camino que inicié hace cinco años. Con algo más de barba, y tras casi 10.000 euros invertidos en una licenciatura (todo primeras matrículas, salvo algún hueso, fruto de aquel obcecado profesor que sólo ve en el suspenso la panacea para el aprendizaje), sin haber visto beca alguna y con la sensación de no haber aprendido nada sobre mi actual profesión entre aquellas viejas paredes de ladrillo que le daban forma a la facultad.

Ahora sí, puedo decirlo. Soy licenciado. Cinco años anhelando poder decirlo. Y, ahora, ¿qué?. Ya lo auguró aquel famoso publicista, tan venerado por unos, tan odiado por otros, (ciertamente, ésa es la definición de genio). Ahora toca buscar oportunidades. O, como decimos en castellano, trabajar gratis.

Ofertas de trabajo por aquí, ofertas de trabajo por allá y, en todas, lo mismo: Se requieren más de tres años de experiencia demostrable. O lo que es lo mismo. Estáte tres años trabajando mañana y tarde que mientras tanto me aprovecharé de tu ilusión y ganas. Espero que tengas un sustento económico detrás de ti para pagarte el arroz con tomate. Y el piso, si has tenido que migrar de tu ciudad. O país.

Sólo queda ser un navaja suiza con la polivalencia como distintivo, ser el machaca de la empresa, sudando por tener diez segundos libres para invertirlos en ir detrás del aquel viejo dinosaurio y empaparte de alguna migaja de su dilatada experiencia. Es lo que toca. Es lo que nos toca. 

Y no puedo evitar recordar lo que me dijeron cuando comencé la aventura universitaria: sois la generación con más facilidades. Tampoco olvido el apelativo cuando la acabé. Maldita generación perdida.


Generación perdida


J. Peña

No hay comentarios:

Publicar un comentario